Por Gabriel Moquete

Eduardo Brito, el mejor
barítono de habla hispana,
nació aquí en Dominicana
¡a mucha honra y honor!
Su voz, rondando a tenor
tenía un tono extraordinario,
poseía lo necesario
para vencer en el arte,
era el rey en todas partes,
¡conquistaba el escenario!

En Puerto Plata nació
el Sinsonte Quisqueyano,
de la vida, mano a mano
todo obstáculo venció.
Por las calles pregonó
dulces, y fue limpiabotas,
pero luego, su alma flota
por los aires elevada
al compás de agigantadas
personalidad y notas.

El Sinsonte le llamaban,
su voz alta y melodiosa
era potente y graciosa,
sus notas alto flotaban.
De su garganta brotaban
hermosas ondulaciones
que adornaban las canciones
escapadas de su voz,
con su estilo cosechó
espontáneas ovaciones.

En Cuba fue un vencedor,
Puerto Rico estremeció,
el Sinsonte se lució
cuando cantó en Nueva York.
En España, el gran cantor
seduce los escenarios,
produce un extraordinario
frenesí cada actuación,
recibe cada canción
el aplauso solidario.

Su figura aún se expande
pues no ha pasado su ayer
y no ha dejado de ser
entre los grandes el grande.
Para que siempre comande
en el país su historial,
se hace justicia social
a este artista de renombre
designando con su nombre
el Teatro Nacional.

Un día cinco de enero
del año cuarenta y seis
entrega su vida el rey,
que aún sigue siendo el primero.
Se apagó su vida, pero
su voz de recio cantor
se expande con más amor,
cada vez más firme y fuerte
porque a pesar de su muerte
¡sigue siendo un vencedor!

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